La separación le cobró una amarga factura en forma de dinero, salud emocional, vida social, apoyo familiar, auto estima, relación con los hijos y esperanza. Nunca se imaginó que el hecho de proporcionarse una segunda oportunidad le impondría tan alto costo. Al revés, pensaba que sentiría alivio, ganas de empezar una nueva vida, y que volvería a salir otra vez al mercado con todas las oportunidades que este ofrece. Pero los eventos se concretaron de forma distinta: ni su ex mujer comprendió que se quisiera ir de casa, ni sus padres, ni los niños, ni los vecinos, ni los amigos. De un plumazo se transformó en monstruo. |