Cuando queremos decir "no" y decimos "sí", estamos devaluando nuestro "sí". Comunicarse eficientemente con los demás, con precisión y empatía y dejando un poco de imagen positiva ante nuestros interlocutores, es uno de los cometidos clave en una vida en sociedad.
Se trata de un proceso complejo, en el que debemos articular habilidades aprendidas y talentos naturales (como el dominio del lenguaje oral y gestual, el don de la oportunidad, la adecuada gestión de las emociones, el encanto personal.), y en el que hemos de combinar la tolerancia necesaria para aceptar y entender al otro, con la capacidad de expresar nuestras opiniones o preferencias.
Hay dos cosas que a muchas personas les resultan problemáticas o difíciles: una es de pedir o solicitar favores y la otra, decir "no".
Centrándonos en esta última cuestión, dar respuestas negativas supone un esfuerzo, empeñados como estamos en caer bien, en resultar tolerantes, comprensivos, amables y diligentes. La timidez y el déficit de autoestima son problemas añadidos a la hora de decir que no.
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